Pide que el camino sea largo.

Que sean muchas las mañanas de verano

en que llegues -¡con qué placer y alegría!-

a puertos antes nunca vistos

Mostrando entradas con la etiqueta Islandia. Viajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Islandia. Viajes. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de octubre de 2014

ISLANDIA 3: SNAEFELLSNESS

 Grundarfjörður es un pueblo grande, relativamente, en la península de Snaefellsness, con una cierta importancia pesquera y de salazones.  La sal, escasa y difícil en Islandia, parece ser que la importan de Túnez.  Tiene una Iglesia vistosa en la encrucijada de amplias calles, y debe de ir la cosa de iglesias, porque lo emblemático del pueblo es una enorme montaña, de origen volcánico -aunque a mí me parece fruto de la erosión glaciar- aislada, que llega al mar, y a la que llaman Kirkjufell (Kirkja, iglesia y  fell, montaña).  Curiosamente en Grundarfjörður vimos por primera vez seis o siete niños rubitos de entre ocho y doce años jugando tranquilamente por las calles a una hora algo intempestiva, sobre las once, aunque como ya sabemos a esa hora es perfectamente de día.  Esta idílica escena no volvería a repetirse en todo el recorrido.  Supongo que en Grundarfjörður habrá una escuela, pero dada la diseminación de la población infantil rural, los niños se escolarizan en internados de lunes a viernes y pasan los fines de semana en familia.
Grundarfjörður, a la derecha la montaña Kirkjufell

     El día amaneció horroroso y así iba a seguir hasta mediada la tarde: un nórdico compendio de niebla, viento y lluvia  de esa que los ingleses llamarían misty y en otros lugares calabobo u orvallo.  El proyecto para el día consistía en recorrer todo el contorno de Snaefellsness visitando playas, glaciares, acantilados con aves marinas y volcanes, programa que cumplimos casi totalmente a pesar del tiempo.
 Vatnhellir, la cueva del agua y entrada al centro de la Tierra

     Julio Verne en su "Viaje al Centro de la Tierra"  sitúa la entrada para llegar al mismo en Snaefellsness, en unos tubos de lava, producidos por los gases volcánicos en la lava fundida.  Hacia allí nos dirigimos, tras hacer las compras tomar el café y hacer fotos de cascadas y caballos.  El tubo de lava recibe el nombre de Vatnhellir (cueva del agua).  Se accede al mismo, previo pago y colocación de casco de seguridad por unas escaleras en las que comenzamos a contar escalones y terminamos aburridos, así que eran muchos.  El interior, una cueva en la que caían gotas, había estalactitas volcánicas, cristalizaciones diversas con formas que recordaban sincréticamente vírgenes, flores o falos.  También, y eso lo comprobamos, un agua helada y purísima a base de filtraciones entre la lava.  Había también por allí un esqueleto antiguo de un zorro ártico que se despeñaría y moriría dentro.  Tal vez estaría allí porque el zorro ártico es el único mamífero terrestre oriundo de la isla,  los demás son traídos con la civilización.  Julio Verne tenía razón, porque en un recoveco de la cueva pudimos ver una señal en forma de flecha con un número de cuatro cifras de kilómetros que indicaba "Stromboli".  Forzosamente, si el túnel llevaba al Egeo, habría de pasar, sin duda muy cerca del centro de la tierra.
Camino a Dritvik y Djúpalónssandur

     Visitar Dritvik y Djúpalónssandur con buen tiempo debe de ser algo impresionante, pero hacerlo en medio de niebla y sirimiri aporta una sensación que difícilmente se puede olvidar.   Después de dejar el coche y leer la cartelería y cartografía de la zona, nos adentramos en un campo de lava por un camino bordeado de negras formaciones caprichosas.  En menos de mil metros llegamos a la primera playa, Djúpalónssandur (arenas profundas), un espacio recoleto de arenas finas y cantos perfectamente redondeados y profundamente negros.   Antes de pisar la arena vimos las cuatro piedras redondeadas que probaban la fuerza de los hombres candidatos a ser contratados como marineros en los barcos bacaladeros que tenían sede y factoría en esas playas.  Las piedras tienen su nombre y peso: 23 kilos Amlodi, 54 kilos Halfdraettingur, 100 kilos Hálfsterkur y 154 kilos Fullstekur.  Yo hubiese intentado subir la grande pero tenía las manos frías y resbaladizas por la lluvia, así que recordando mi columna vertebral hice una foto a alguien que levantó la pequeña.  
Junto a las cuatro piedras
Llegando a Djúpalónssandur   

     Ya en la playa vimos los restos del naufragio de un buque inglés cuyo despojos metálicos ocres por la oxidación ponían una nota de color en el negro de la arena.   También había unos troncos que el mar había depositado en la orilla.  Desde siempre coníferas canadienses han atravesado el atlántico norte a la deriva y recalado en las costas occidentales de Islandia.  Este hecho era muy celebrado por los islandeses que, teniendo gran escasez de árboles, utilizaban la madera que el mar les ofrecía para la construcción o como combustible. El mar, envuelto en nieblas, estaba sorprendentemente calmado ese día.
Paseo por la playa de Djúpalónssandur
De Djúpalónssandur a Dritvik por los acantilados

Dritvik, refugio.  Sobre el hito de madera
en una chapa hay escrito un poema,
 desgraciadamente indescifrable para mi



     Siguiendo por el borde del acantilado hacia el norte, en un cuarto de hora se llega  a Dritvik, playa similar a la anterior en cuanto a color de arenas, pero entre rocas ofrece un puerto natural que fue utilizado por barcos bacaladeros que se asentaron en esta playa donde vivieron y trabajaron hasta no hace mucho.  De esa actividad hoy no queda en la playa sino algunos restos de piedra junto a una  pequeña laguna. 
Dritvik

     Volviendo a Djúpalónssandur  separándose algo del camino y junto al acantilado hay una especie de laberinto de piedras que semejan algún símbolo ancestral y que era un juego de pescadores para amenizar los ratos de ocio intentando seguir caminos entre las piedras para alcanzar el centro.  Con varias entradas y cruces es difícil acertar en el camino correcto.  Claro que en un día como aquel, bien puede servir hacerlo en contrario, empezar en el centro y conseguir salir: mucho más fácil.
Laberinto espiral

     Continuamos luego para Lóndragar santuario de aves marinas en unos acantilados basálticos con unas piedras altas y erguidas en que anidan diferentes especies en bastante armonía.  La abundancia de aves, su vuelo, la imagen de sus nidos en los acantilados y los sonidos que emiten son el paisaje de este rincón de la península.  Se pueden ver gaviotas tridáctilas, araos, krías, alcas tordas y otras cuyos nombres no conseguiría recordar por mucho que lo intentara.  Como el tiempo seguía poco amable decidimos comer, tomar un café y entrar en calor antes de continuar el paseo por la zona.
Lóndragar

     Durante todo el recorrido del día deberíamos de estar viendo el glaciar y volcán Snaefellsjökull, pero la niebla nos lo ocultó todo el tiempo.  Ni siquiera pudimos ver la base de la montaña que vigila el gigante guardián cuya estatua de piedras señala el inicio de un camino entre prados junto a los acantilados de Hellnar a Arnastapi.  
Paseo de  Hellnar a Arnastapi.  Al fondo se debería ver el glaciar Sanaefellsjökull



 Bárdur Sanaefellsás, el gigante guardián de Snaefellsjókull
Arco basáltico en el acantilado

     La estatua, hecha de bloques de piedra volcánica representa, según las sagas, a Bárdur Sanaefellsás un gigantón noruego, de los primeros colonos de la isla que fundó la granja de Laugarbrekka, de la que hablaremos mañana.  El tal Bárdur en un ataque de furia porque, juegos de niños, pusieron a su hija sobre un iceberg que  a la deriva llegó hasta Groenlandia, arrojó a sus sobrinas, las compañeras de juego, por los acantilados y él desapareció para siempre por entre las nieves del glaciar donde dicen que aún vaga su espíritu atormentado.  Pequeñas playas de roca, arcos de basalto que el mar habría abierto, cuevas e infinidad de aves marinas se sucedían en un camino agradabilísimo de poco más de una hora y que acabaría en Arnastapi (roca de águilas) que recoge un pequeño puerto.
Arnastapi

     Al poco de subir en el coche el tiempo mejoró algo, cesó la lluvia pero las montañas permanecían ocultas en la niebla.  Esta mejoría nos iba a permitir hacer una grata visita al Volcán Eldborg (castillo de fuego) en el istmo de la península.  A unos tres kilómetros de la granja de Snorrasstadir, tras sus prados y por un sendero entre abedules enanos se alcanza la base del volcán.  Subiendo no más de doscientos metros se llega al cono perfecto del volcán perfecto, simétrico, asombrosamente nivelado y redondo y frente a nosotros, dentro del cono, un bosquecillo de maleza y abedules nacidos en la lava que dibuja una especie de mapa de Islandia.  Las vistas sobre campo de lava de  Eldborgarhraun que llega al mar tras un par de kilómetros son espectaculares.
Volcán Eldborg

     Camino de casa en Grundarfjörður, atravesamos la península de sur a norte y en un collado pudimos ver que por fin entre montañas de nieve y lava salía el sol e inundaba el paisaje con la luz pálida de los eternos atardeceres de aquellos días. 


Recorrido de la jornada

lunes, 13 de octubre de 2014

ISLANDIA 2: GLYMUR

Laugarvatn, lago y fuentes geotermales
            Laugarvatn ocupa un lugar privilegiado en el centro del Anillo de Oro, junto a un lago de aguas templadas rodeado de praderas.   La preparación de la cena, la propia cena y la sobremesa fueron  excelentes.  No había otros huéspedes en el albergue: exclusivamente para nosotros.  Como iba a ser norma durante todo el viaje, a las siete y media había que levantarse, asearse, desayunar, preparar los emparedados de la comida, rehacer el equipaje, colocarlo en el coche


Glymur
El tiempo se presentaba algo mejor que el día anterior  y pudimos disfrutar de algunas vistas del lago, las montañas y las casas vistosamente coloreadas de Laugarvatn antes de tomar dirección a Þingvellir.  La carretera 48 como siempre entre montañas y cascadas nos llevaba al fiordo Hvalfjörður por el que nos adentramos hasta el fondo siguiendo su orilla sur.  Tras una parada para hacer fotos en una cascada rodeada de lúpina (Lupinus fabaceae), una planta invasora en Islandia que en mayo florecía con vistosas flores de color azul o violeta, llegamos al fondo del fiordo.  Allí dejamos el coche y nos preparamos para andarcon posibles lluvia y viento que es sabido que en Islandia si quieres ver cambiar el tiempo solo tienes que esperar cinco minutos.  un paseo de unas tres horas hasta el lugar desde donde se despeña la cascada Glymur.  Sus 196 metros de caída entre precipicios de piedra la hacen la más alta de Islandia y una de las más vistosas.
Vista del Hvalfjörðurdesde lo alto de Glymur

En el aparcamiento encontramos a un grupo de jóvenes españoles que habían venido desde Alemania.  En principio pensé que harían allí un Erasmus o similar pero charlando con ellos supimos que eran todos unos cerebritos que trabajaban en intercambios de formación en diversas empresas aeronáuticas y automovilísticas.  El liderazgo del grupo lo ostentaba una chica decidida y animosa no muy adecuadamente vestida ni calzada para el paseo pero que dinamizaba al grupo tanto que a veces había que pararla un poco como cuando no veía ningún problema en atravesar el río Botnsá que bajaba helado y torrencial de la cascada.  Con ellos y un par de británicas compartimos camino hasta que nos dejaron atrás en la dura cuesta arriba.  Hasta el pie de la cascada el camino, prácticamente llano, discurre entre sauces lanudos y abedules enanos, atraviesa una cueva de lava y llega al río que hay que cruzar pasando en equilibrio por encima de un tronco de árbol extendido entre ambas orillas a modo de puente.  La fuerte corriente había desplazado el madero y las opciones de vadear agarrados a una cuerda tensada entre ambas orillas no eran las mejores por la fuerza y la temperatura del agua.  Tras convencer a la guía de los 'alemanes', comenzamos la subida por el lado izquierdo de la cascada según el sentido de la marcha. 
Cascada de Glymur

 
Parte superior de Glymur
           La subida a Glymur es exigente tanto por la pendiente como por el barro que en algunos puntos te hace resbalar o los canchales de piedra suelta.  Las vistas de la cascada, a nuestra derecha, son espectaculares:  siempre desde el borde de un precipicio puedes ver la blancura del agua cayendo  y que, a veces, se eleva en nubes de peque
ñísimas gotas pulverizadas volando sobre el musgo verde agarrado a la roca en la que anidan aves que continuamente revolotean la hondonada.  El paisaje con la cascada, el valle, las montañas y el fiordo al fondo te compensan ampliamente la subida que salva casi en vertical los doscientos metros.  En tiempo de menos agua,  puedes vadear el río en la parte superior y bajar por el otro margen de la cascada, pero esta vez el deshielo estaba en su momento álgido y tuvimos volver por el mismo camino, que por cierto no es que tiene mejores vistas: la próxima vez será...  El buen tiempo nos acompañó: el sol y las nubes dieron al paseo una luz bellísima y una temperatura muy agradable.

            
     Después de la comida en un pequeño arbolado junto a montañas negrasde lava llegamos a Borgarnes donde podríamos tomar un café.  Yo preferí acompañar a nuestro guía a hacer la compra en el supermercado.  En los supermercados islandeses trabajan chicos y chicas muy jóvenes preferentemente en las cajas.  Sucede en casi todos,  los jóvenes islandeses, desde bien pronto trabajan bien en la empresa familiar, bien para irse educando en el trabajo.  En casi todos los supermercados los clientes pueden tomar café gratis: junto a las cajas no falta la cafetera, los vasos de plástico, azúcar y leche.  Y el café suele estar bueno.

Geldingahnappur (Armeria maritima).  En el valle de Glymur
            Borgarnes es una ciudad de unos dos mil habitantes, que para Islandia es mucho, otros pueblos, no pasan de dos o tres casas aisladas.  Así y todo tiene todos los servicios, un gran puente sobre el Borgarfjörður, unas bellas vistas y la puerta a los valles por que discurre el río Hvitá.  Subiendo esos valles pasamos por Reykholt el pueblo en que vivió y murió Snorri Sturluson, historiador, escritor, poeta, y jurista islandés además de persona muy rica y sin demasiados escrúpulos, interesado patriota  tanto de Islandia como de Noruega.  De hecho murió asesinado por sicarios del rey noruego a los que pidió en sus últimas palabras que no le cortaran la cabeza, al menos eso me contaron.
Hraumfossar

El río Hvitá discurre calmado por meandros entre prados en que pastan caballos islandeses y retozan cisnes cantores antes de llegar a Hraunfossar.  Hraunfossar es una cascada especial.  Tiene una anchura espectacular y el agua surge en enormes chorros por entre las rocas de lava  sin que se aprecie ningún río por la parte superior.  El agua circula por túneles y oquedades entre la lava de algún volcán que erupcionó bajo hielo del glaciar Longjökull y de ahí viene su nombre (hraun, lava y foss, cascada).  Un espectáculo imprescindible.
Hraunfossar


Gloria en Barnafoss
            Unos metros más arriba está Barnafoss una cascada que es más bien una sucesión de rápidos encallejonados que confluyen pronto con las aguas de Hraunfossar.  Cuenta la leyenda que el día de Navidad, mientras los padres estaban en misa, unos niños cruzaron la cascada por un puente que a la sazón había.  Tuvieron la mala fortuna de caerse y perecer en los rápidos y tras la infructuosa búsqueda la madre lanzó un hechizo al puente que posteriormente fue destruido por un terremoto de los que son tan abundantes  en estas tierras.

Deildartunguhver
           


 De vuelta visitamos el manantial de aguas termales Deildartunga o Deildartunguhver, cercano a Reykholt.  Proporciona el manantial 180 litros por segundo de agua a ochenta y tantos grados lo que es suficiente para proporcionar electricidad y agua caliente a Borgarnes y los pueblos de alrededor.   Justo al lado del manantial, una granja disponía de invernadero en el que se cultivaban tomates que se vendían a un precio razonable en una marquesina en la que te servías tu bolsa y dejabas el importe en un cestillo sin necesidad de vendedor.
Deildartunguhver
            Volviendo a la carretera circular 1, a pocos kilómetros al norte está el volcán Gabrok, el cono principal de tres que se asientan en una fisura volcánica activa hace tres o cuatro mil.  Se asciende fácilmente por unas escaleras que parten del aparcamiento y que tras menos de doscientos metros te permiten rodear todo el cono y tener muy buenas vistas a los alrededores. Se pueden apreciar antiguas construcciones de lava, corrales para apriscar ganado, a veces utilizando para estos fines las propias hondonadas de los conos volcánicos menores.

Desde el cono del Gabrok



Cono del Gabrok
            La carretera 60 nos condujo, como siempre entre torrenteras y nieves a Hvammsfjörður y con el fiordo siempre a nuestra derecha, por la carretera 54, con muchos kilómetros de firme de tierra negra avistamos el enorme Breidafjörður plagado de islas y que une o separa la península de Snaefellsness y los fiordos y tierras del noroeste.  Bordeando el pequeño y hermoso fiordo de Álftafjörður,  y dejando a la derecha Stykkishólmur, llegamos a Grundarfjörður donde nos alojaríamos dos días. 

 Álftafjörður


Recorrido del día


viernes, 3 de octubre de 2014

ISLANDIA 1: GULNI HRINGURIN

Toma de contacto con la naturaleza de Islandia

      La mañana del 24 de mayo del 14 amaneció gris.  No habíamos dormido mucho, a pesar del cansancio del viaje o tal vez por esa misma razón añadida al desconcierto del equipaje, la luminosidad de la noche y el paso de un día espléndido a un permanente atardecer gris de nubes.  Durante el desayuno, al que sólo ponía nota exótica una mezcla de leche y yogur entre ácida y amarga, fuimos conociendo a los otros ocho con los que durante trece días compartiríamos coche, mesa, dormitorio, viento, agua, frío y conversaciones. 

            Tras el primer tetris de mochilas y cajas en el maletero y con decepcionantes augurios por el aspecto del cielo, salimos hacia el sur de Reykjavík para adentrarnos en nuestra primera carretera de tierra y piedra negras que discurría solitaria  por entre la lava de la península de Reykjanes (carretera 42).  Al poco tiempo, el primer lago, el Kleifarvatn, las primeras palabras en islandés ( vatn y reyk, agua y humo respectivamente) y la primera sintaxis (Reykjavík, bahía humeante).  Como está a punto de aparecer la primera grafía extraña del alfabeto islandés ,la letra Đ en minúsculas ð, aclararé que su pronunciación es próxima a nuestra d.  Pronto aparecerá la letra Þ - þ cuyo sonido es el de la th inglesa (en thing) o la española z .  Humildemente, como medida de urgencia y sin pretensiones eruditas añadiré que el conjunto ll ha de pronunciarse como tl, el grupo hv como cu, la j igual que una i en diptongo y el diptongo au como oi.  También conviene advertir que el acento islandés es fundamentalmente esdrújulo y a veces múltiple. 

Fumarolas de Seltún en Krýsuvík
            La primera parada del día fue en las fumarolas de Seltún en Krýsuvík que recorrimos bajo un lluvia suave y entre el olor a azufre que nos acompañaría intermitente pero pertinaz durante los próximos tres mil kilómetros.  Negro, verde, azul, marrón y amarillo entre borbotones de barro y el gris del vapor de agua.  Unos metros más adelante el humo de las fumarolas, el verde del lago Grænavatn y una pequeña granja con casitas azules configuraron el primer paisaje.


Primer paisaje islandés

       Por la carretera 427 que bordea el mar dejando a la izquierda montañas de lava oscura pudimos ver los primeros caballos y las primeras aves marinas de camino a Hveragerði Creo, aunque no estoy seguro, que puede significar "jardín de aguas calientes" y como tal encontramos los primeros invernaderos en que se crían tanto hortalizas como flores  con la energía eléctrica y el calor que genera la tierra.  El agua ya viene en abundancia del monte Selfjal por el río Öfusá.  En Hveragerði, en el supermercado, constaté dos cosas: que Islandia es un país muy organizado y que buena parte de su comida, especialmente las carnes, está congelada.  También me contaron, y al principio creí que era broma, que en el invierno toman buenas dosis de vitamina D en comprimidos o aceite de hígado de bacalao para combatir la ausencia de sol en el organismo.

     Cerca de Hveragerði, al norte, a menos de un kilómetro está Reykjardalur el valle humeante en el que habíamos previsto una caminata entre torrenteras, arroyos, y fumarolas hasta un río de aguas calientes en el que habríamos de tomar nuestro primer baño en aguas termales.  No pudo ser: la lluvia y el viento arreciaban y aunque sabíamos que esto no debía ser obstáculo para los planes de viajes, desistimos del baño, caminamos bajo la lluvia un buen rato y volvimos para tomar un café con una especie de buñuelos delicadamente dulces de los que no recuerdo el nombre.  Ya habría más adelante tiempo y aguas para baños termales.


La falla Almannajiá el lago Þingvallavatn en el P. N . de Þingvellir 

          La lluvia y la suspensión del baño, sin embargo nos daba más tiempo para la visita al Gullni Hringurin, el anillo o el círculo dorado: Þingvellir, Geysir y Gullfoss.  Nuestro próximo destino era  Þingvellir a donde llegaríamos por las carreteras 35 y 36 bordeando el lago Þingvallavatn mientras avistábamos ya algunas nieves en la montaña y antiguas viviendas con techo de hierba.

Paseo por la falla
    

  
    Nuestra primera comida campestre fue un desastre total: entre lluvia y viento al resguardo de una especie de marquesina de madera en pleno parque natural de Þingvellir, dimos buena cuenta de los sandwiches que habíamos preparado por la mañana.  Después, un café breve para entrar en calor en una cafetería del parque repleta de turistas.  Otra constatación: es corriente usar una tarjeta de crédito incluso para pagar un café o un té por importe de 300 coronas, no llega al par de euros.

Charla junto al Lögberg
     Þingvellir tiene una importancia capital en la vida de Islandia, está situado en el lugar en que confluyen o disfluyen (tal vez esta palabra no exista) la placa continental europea y la americana y por haber sido sede de los primeros parlamentos y reuniones asamblearias cuando todavía el resto de Europa se sostenía en el régimen feudal.
       Parece ser que la Placa Continental Americana y la Europea que allí contactan, se separan a razón de un par de centímetros anuales generando la falla Almannajiá, hundida respecto a las llanuras próximas.  Junto a ella está el lago Þingvallavatn que se alimenta de las aguas del Öxará y de otras fuertes corrientes subterráneas.  En la falla, junto al lago y al río Öxará está el lugar donde desde el año 930 se reunía el antiguo parlamento el Alþingi en el lugar en que ahora ondea una enorme bandera de Islandia, el Lögberg, la Roca de la Ley.  


Drekkingarhylur, la Poza del Ahogamiento
Dejando el aparcamiento se accede a un paseo que tras pasar la bandera, llega a un puente justo donde el río Oxará hace un brusco recodo con fuertes remolinos de agua en lo que se llama Drekkingarhylur, la Poza del Ahogamiento.  En este lugar eran ahogadas las mujeres halladas culpables de adulterio, costumbre más que bárbara que se realizó por última vez a mediados del siglo XVIII.  Siguiendo el paseo llegamos a la catarata de Öxarafoss, la primera de una infinita serie de preciosas cascadas a lo largo de todo el recorrido por Islandia.  Öxarafoss no es muy alta, ni muy caudalosa, sin embargo este año entre el deshielo y las lluvias de los últimos días estaba esplendorosa.


Öxarafoss

Una erupción del Géiser Strokkur
            La carretera 365 nos lleva a Haukadalur  una amable sucesión de valles en que se encuentran  los principales géiseres del país.  Geysir es el más importante de los surtidores geotérmicos que ha dado el nombre de géiser a este fenómeno.  Actualmente está en inactividad parece ser que poducida por abusos hechos para provocar erupciones con fines turísticos.  De él quedan la poza con aguas azuladas y los depósitos sedimentados a base de siglos de explosiones de agua y vapor.  


Pozas azules en el cono del géiser Geysir
A no más de treinta metros está el Strokkur, géyser que con regularidad casi de reloj arroja una columna de agua de quince o veinte metros cada diez minutos.  Viendo los movimientos y borboteos del agua en la poza se puede tener la cámara preparada para fotografiarlo en todo su esplendor. También está el Litti Geysir miniatura de sus dos hermanos mayores.  Hay varios hoteles y una enorme tienda de souvenirs algo más abajo en la que ya puedes comprar los recuerdos de tu viaje, que vendrán muchos kilómetros de soledad, campo y desierto más adelante.


En el campo de géiseres de  Haukadalur

            Dejando Haukadalur y volviendo la vista para una nueva explosión del Strokkur, nos dirigimos a Gullfoss,  la Cascada Dorada, aquella en la que la luz del sol produce arcoíris diversos a cualquier hora del día.  El Río Hvítá deja caer impresionantes cantidades de agua por dos cortados diagonales de basalto sobre un lecho también de roca volcánica y que tuerce casi noventa grados respecto al sentido que traía el agua. 


Llegando al Hvitá, primeras vistas de Gullfoss

A principio del siglo XX hubo un intento de instalar en la cascada una central hidroeléctrica, incluso se llegó a arrendar su aprovechamiento.  Sin embargo Sigriður Tómasdottir, hija de uno de los propietarios organizó una casi cruzada para evitarlo que incluía el arrojarse a la cascada, y finalmente consiguó que fuera adquirida por el gobierno islandés y actualmente goza de un estatus de protección.  Una lápida junto a la cascada recuerda a Sigriður Tómasdottir y su lucha por Gullfoss.  Las vistas son impresionantes y ya empiezas a sentir ese vago vacío que te produce el deseo de querer permanecer más tiempo allí mirando caer el agua y viéndola subir en nubes de gotitas  que se levantan entre las paredes de la gran hendidura.

Gullfoss, la Cascada Dorada
           El día no podía dar para más: otro rato de coche entre granjas con prados verdes y enormes zanjas de drenaje  y  después cenamos, descansamos  y dormimos en Laugarvatn

Recorrido de la primera jornada