Pide que el camino sea largo.

Que sean muchas las mañanas de verano

en que llegues -¡con qué placer y alegría!-

a puertos antes nunca vistos

lunes, 13 de octubre de 2014

ISLANDIA 2: GLYMUR

Laugarvatn, lago y fuentes geotermales
            Laugarvatn ocupa un lugar privilegiado en el centro del Anillo de Oro, junto a un lago de aguas templadas rodeado de praderas.   La preparación de la cena, la propia cena y la sobremesa fueron  excelentes.  No había otros huéspedes en el albergue: exclusivamente para nosotros.  Como iba a ser norma durante todo el viaje, a las siete y media había que levantarse, asearse, desayunar, preparar los emparedados de la comida, rehacer el equipaje, colocarlo en el coche


Glymur
El tiempo se presentaba algo mejor que el día anterior  y pudimos disfrutar de algunas vistas del lago, las montañas y las casas vistosamente coloreadas de Laugarvatn antes de tomar dirección a Þingvellir.  La carretera 48 como siempre entre montañas y cascadas nos llevaba al fiordo Hvalfjörður por el que nos adentramos hasta el fondo siguiendo su orilla sur.  Tras una parada para hacer fotos en una cascada rodeada de lúpina (Lupinus fabaceae), una planta invasora en Islandia que en mayo florecía con vistosas flores de color azul o violeta, llegamos al fondo del fiordo.  Allí dejamos el coche y nos preparamos para andarcon posibles lluvia y viento que es sabido que en Islandia si quieres ver cambiar el tiempo solo tienes que esperar cinco minutos.  un paseo de unas tres horas hasta el lugar desde donde se despeña la cascada Glymur.  Sus 196 metros de caída entre precipicios de piedra la hacen la más alta de Islandia y una de las más vistosas.
Vista del Hvalfjörðurdesde lo alto de Glymur

En el aparcamiento encontramos a un grupo de jóvenes españoles que habían venido desde Alemania.  En principio pensé que harían allí un Erasmus o similar pero charlando con ellos supimos que eran todos unos cerebritos que trabajaban en intercambios de formación en diversas empresas aeronáuticas y automovilísticas.  El liderazgo del grupo lo ostentaba una chica decidida y animosa no muy adecuadamente vestida ni calzada para el paseo pero que dinamizaba al grupo tanto que a veces había que pararla un poco como cuando no veía ningún problema en atravesar el río Botnsá que bajaba helado y torrencial de la cascada.  Con ellos y un par de británicas compartimos camino hasta que nos dejaron atrás en la dura cuesta arriba.  Hasta el pie de la cascada el camino, prácticamente llano, discurre entre sauces lanudos y abedules enanos, atraviesa una cueva de lava y llega al río que hay que cruzar pasando en equilibrio por encima de un tronco de árbol extendido entre ambas orillas a modo de puente.  La fuerte corriente había desplazado el madero y las opciones de vadear agarrados a una cuerda tensada entre ambas orillas no eran las mejores por la fuerza y la temperatura del agua.  Tras convencer a la guía de los 'alemanes', comenzamos la subida por el lado izquierdo de la cascada según el sentido de la marcha. 
Cascada de Glymur

 
Parte superior de Glymur
           La subida a Glymur es exigente tanto por la pendiente como por el barro que en algunos puntos te hace resbalar o los canchales de piedra suelta.  Las vistas de la cascada, a nuestra derecha, son espectaculares:  siempre desde el borde de un precipicio puedes ver la blancura del agua cayendo  y que, a veces, se eleva en nubes de peque
ñísimas gotas pulverizadas volando sobre el musgo verde agarrado a la roca en la que anidan aves que continuamente revolotean la hondonada.  El paisaje con la cascada, el valle, las montañas y el fiordo al fondo te compensan ampliamente la subida que salva casi en vertical los doscientos metros.  En tiempo de menos agua,  puedes vadear el río en la parte superior y bajar por el otro margen de la cascada, pero esta vez el deshielo estaba en su momento álgido y tuvimos volver por el mismo camino, que por cierto no es que tiene mejores vistas: la próxima vez será...  El buen tiempo nos acompañó: el sol y las nubes dieron al paseo una luz bellísima y una temperatura muy agradable.

            
     Después de la comida en un pequeño arbolado junto a montañas negrasde lava llegamos a Borgarnes donde podríamos tomar un café.  Yo preferí acompañar a nuestro guía a hacer la compra en el supermercado.  En los supermercados islandeses trabajan chicos y chicas muy jóvenes preferentemente en las cajas.  Sucede en casi todos,  los jóvenes islandeses, desde bien pronto trabajan bien en la empresa familiar, bien para irse educando en el trabajo.  En casi todos los supermercados los clientes pueden tomar café gratis: junto a las cajas no falta la cafetera, los vasos de plástico, azúcar y leche.  Y el café suele estar bueno.

Geldingahnappur (Armeria maritima).  En el valle de Glymur
            Borgarnes es una ciudad de unos dos mil habitantes, que para Islandia es mucho, otros pueblos, no pasan de dos o tres casas aisladas.  Así y todo tiene todos los servicios, un gran puente sobre el Borgarfjörður, unas bellas vistas y la puerta a los valles por que discurre el río Hvitá.  Subiendo esos valles pasamos por Reykholt el pueblo en que vivió y murió Snorri Sturluson, historiador, escritor, poeta, y jurista islandés además de persona muy rica y sin demasiados escrúpulos, interesado patriota  tanto de Islandia como de Noruega.  De hecho murió asesinado por sicarios del rey noruego a los que pidió en sus últimas palabras que no le cortaran la cabeza, al menos eso me contaron.
Hraumfossar

El río Hvitá discurre calmado por meandros entre prados en que pastan caballos islandeses y retozan cisnes cantores antes de llegar a Hraunfossar.  Hraunfossar es una cascada especial.  Tiene una anchura espectacular y el agua surge en enormes chorros por entre las rocas de lava  sin que se aprecie ningún río por la parte superior.  El agua circula por túneles y oquedades entre la lava de algún volcán que erupcionó bajo hielo del glaciar Longjökull y de ahí viene su nombre (hraun, lava y foss, cascada).  Un espectáculo imprescindible.
Hraunfossar


Gloria en Barnafoss
            Unos metros más arriba está Barnafoss una cascada que es más bien una sucesión de rápidos encallejonados que confluyen pronto con las aguas de Hraunfossar.  Cuenta la leyenda que el día de Navidad, mientras los padres estaban en misa, unos niños cruzaron la cascada por un puente que a la sazón había.  Tuvieron la mala fortuna de caerse y perecer en los rápidos y tras la infructuosa búsqueda la madre lanzó un hechizo al puente que posteriormente fue destruido por un terremoto de los que son tan abundantes  en estas tierras.

Deildartunguhver
           


 De vuelta visitamos el manantial de aguas termales Deildartunga o Deildartunguhver, cercano a Reykholt.  Proporciona el manantial 180 litros por segundo de agua a ochenta y tantos grados lo que es suficiente para proporcionar electricidad y agua caliente a Borgarnes y los pueblos de alrededor.   Justo al lado del manantial, una granja disponía de invernadero en el que se cultivaban tomates que se vendían a un precio razonable en una marquesina en la que te servías tu bolsa y dejabas el importe en un cestillo sin necesidad de vendedor.
Deildartunguhver
            Volviendo a la carretera circular 1, a pocos kilómetros al norte está el volcán Gabrok, el cono principal de tres que se asientan en una fisura volcánica activa hace tres o cuatro mil.  Se asciende fácilmente por unas escaleras que parten del aparcamiento y que tras menos de doscientos metros te permiten rodear todo el cono y tener muy buenas vistas a los alrededores. Se pueden apreciar antiguas construcciones de lava, corrales para apriscar ganado, a veces utilizando para estos fines las propias hondonadas de los conos volcánicos menores.

Desde el cono del Gabrok



Cono del Gabrok
            La carretera 60 nos condujo, como siempre entre torrenteras y nieves a Hvammsfjörður y con el fiordo siempre a nuestra derecha, por la carretera 54, con muchos kilómetros de firme de tierra negra avistamos el enorme Breidafjörður plagado de islas y que une o separa la península de Snaefellsness y los fiordos y tierras del noroeste.  Bordeando el pequeño y hermoso fiordo de Álftafjörður,  y dejando a la derecha Stykkishólmur, llegamos a Grundarfjörður donde nos alojaríamos dos días. 

 Álftafjörður


Recorrido del día


viernes, 3 de octubre de 2014

ISLANDIA 1: GULNI HRINGURIN

Toma de contacto con la naturaleza de Islandia

      La mañana del 24 de mayo del 14 amaneció gris.  No habíamos dormido mucho, a pesar del cansancio del viaje o tal vez por esa misma razón añadida al desconcierto del equipaje, la luminosidad de la noche y el paso de un día espléndido a un permanente atardecer gris de nubes.  Durante el desayuno, al que sólo ponía nota exótica una mezcla de leche y yogur entre ácida y amarga, fuimos conociendo a los otros ocho con los que durante trece días compartiríamos coche, mesa, dormitorio, viento, agua, frío y conversaciones. 

            Tras el primer tetris de mochilas y cajas en el maletero y con decepcionantes augurios por el aspecto del cielo, salimos hacia el sur de Reykjavík para adentrarnos en nuestra primera carretera de tierra y piedra negras que discurría solitaria  por entre la lava de la península de Reykjanes (carretera 42).  Al poco tiempo, el primer lago, el Kleifarvatn, las primeras palabras en islandés ( vatn y reyk, agua y humo respectivamente) y la primera sintaxis (Reykjavík, bahía humeante).  Como está a punto de aparecer la primera grafía extraña del alfabeto islandés ,la letra Đ en minúsculas ð, aclararé que su pronunciación es próxima a nuestra d.  Pronto aparecerá la letra Þ - þ cuyo sonido es el de la th inglesa (en thing) o la española z .  Humildemente, como medida de urgencia y sin pretensiones eruditas añadiré que el conjunto ll ha de pronunciarse como tl, el grupo hv como cu, la j igual que una i en diptongo y el diptongo au como oi.  También conviene advertir que el acento islandés es fundamentalmente esdrújulo y a veces múltiple. 

Fumarolas de Seltún en Krýsuvík
            La primera parada del día fue en las fumarolas de Seltún en Krýsuvík que recorrimos bajo un lluvia suave y entre el olor a azufre que nos acompañaría intermitente pero pertinaz durante los próximos tres mil kilómetros.  Negro, verde, azul, marrón y amarillo entre borbotones de barro y el gris del vapor de agua.  Unos metros más adelante el humo de las fumarolas, el verde del lago Grænavatn y una pequeña granja con casitas azules configuraron el primer paisaje.


Primer paisaje islandés

       Por la carretera 427 que bordea el mar dejando a la izquierda montañas de lava oscura pudimos ver los primeros caballos y las primeras aves marinas de camino a Hveragerði Creo, aunque no estoy seguro, que puede significar "jardín de aguas calientes" y como tal encontramos los primeros invernaderos en que se crían tanto hortalizas como flores  con la energía eléctrica y el calor que genera la tierra.  El agua ya viene en abundancia del monte Selfjal por el río Öfusá.  En Hveragerði, en el supermercado, constaté dos cosas: que Islandia es un país muy organizado y que buena parte de su comida, especialmente las carnes, está congelada.  También me contaron, y al principio creí que era broma, que en el invierno toman buenas dosis de vitamina D en comprimidos o aceite de hígado de bacalao para combatir la ausencia de sol en el organismo.

     Cerca de Hveragerði, al norte, a menos de un kilómetro está Reykjardalur el valle humeante en el que habíamos previsto una caminata entre torrenteras, arroyos, y fumarolas hasta un río de aguas calientes en el que habríamos de tomar nuestro primer baño en aguas termales.  No pudo ser: la lluvia y el viento arreciaban y aunque sabíamos que esto no debía ser obstáculo para los planes de viajes, desistimos del baño, caminamos bajo la lluvia un buen rato y volvimos para tomar un café con una especie de buñuelos delicadamente dulces de los que no recuerdo el nombre.  Ya habría más adelante tiempo y aguas para baños termales.


La falla Almannajiá el lago Þingvallavatn en el P. N . de Þingvellir 

          La lluvia y la suspensión del baño, sin embargo nos daba más tiempo para la visita al Gullni Hringurin, el anillo o el círculo dorado: Þingvellir, Geysir y Gullfoss.  Nuestro próximo destino era  Þingvellir a donde llegaríamos por las carreteras 35 y 36 bordeando el lago Þingvallavatn mientras avistábamos ya algunas nieves en la montaña y antiguas viviendas con techo de hierba.

Paseo por la falla
    

  
    Nuestra primera comida campestre fue un desastre total: entre lluvia y viento al resguardo de una especie de marquesina de madera en pleno parque natural de Þingvellir, dimos buena cuenta de los sandwiches que habíamos preparado por la mañana.  Después, un café breve para entrar en calor en una cafetería del parque repleta de turistas.  Otra constatación: es corriente usar una tarjeta de crédito incluso para pagar un café o un té por importe de 300 coronas, no llega al par de euros.

Charla junto al Lögberg
     Þingvellir tiene una importancia capital en la vida de Islandia, está situado en el lugar en que confluyen o disfluyen (tal vez esta palabra no exista) la placa continental europea y la americana y por haber sido sede de los primeros parlamentos y reuniones asamblearias cuando todavía el resto de Europa se sostenía en el régimen feudal.
       Parece ser que la Placa Continental Americana y la Europea que allí contactan, se separan a razón de un par de centímetros anuales generando la falla Almannajiá, hundida respecto a las llanuras próximas.  Junto a ella está el lago Þingvallavatn que se alimenta de las aguas del Öxará y de otras fuertes corrientes subterráneas.  En la falla, junto al lago y al río Öxará está el lugar donde desde el año 930 se reunía el antiguo parlamento el Alþingi en el lugar en que ahora ondea una enorme bandera de Islandia, el Lögberg, la Roca de la Ley.  


Drekkingarhylur, la Poza del Ahogamiento
Dejando el aparcamiento se accede a un paseo que tras pasar la bandera, llega a un puente justo donde el río Oxará hace un brusco recodo con fuertes remolinos de agua en lo que se llama Drekkingarhylur, la Poza del Ahogamiento.  En este lugar eran ahogadas las mujeres halladas culpables de adulterio, costumbre más que bárbara que se realizó por última vez a mediados del siglo XVIII.  Siguiendo el paseo llegamos a la catarata de Öxarafoss, la primera de una infinita serie de preciosas cascadas a lo largo de todo el recorrido por Islandia.  Öxarafoss no es muy alta, ni muy caudalosa, sin embargo este año entre el deshielo y las lluvias de los últimos días estaba esplendorosa.


Öxarafoss

Una erupción del Géiser Strokkur
            La carretera 365 nos lleva a Haukadalur  una amable sucesión de valles en que se encuentran  los principales géiseres del país.  Geysir es el más importante de los surtidores geotérmicos que ha dado el nombre de géiser a este fenómeno.  Actualmente está en inactividad parece ser que poducida por abusos hechos para provocar erupciones con fines turísticos.  De él quedan la poza con aguas azuladas y los depósitos sedimentados a base de siglos de explosiones de agua y vapor.  


Pozas azules en el cono del géiser Geysir
A no más de treinta metros está el Strokkur, géyser que con regularidad casi de reloj arroja una columna de agua de quince o veinte metros cada diez minutos.  Viendo los movimientos y borboteos del agua en la poza se puede tener la cámara preparada para fotografiarlo en todo su esplendor. También está el Litti Geysir miniatura de sus dos hermanos mayores.  Hay varios hoteles y una enorme tienda de souvenirs algo más abajo en la que ya puedes comprar los recuerdos de tu viaje, que vendrán muchos kilómetros de soledad, campo y desierto más adelante.


En el campo de géiseres de  Haukadalur

            Dejando Haukadalur y volviendo la vista para una nueva explosión del Strokkur, nos dirigimos a Gullfoss,  la Cascada Dorada, aquella en la que la luz del sol produce arcoíris diversos a cualquier hora del día.  El Río Hvítá deja caer impresionantes cantidades de agua por dos cortados diagonales de basalto sobre un lecho también de roca volcánica y que tuerce casi noventa grados respecto al sentido que traía el agua. 


Llegando al Hvitá, primeras vistas de Gullfoss

A principio del siglo XX hubo un intento de instalar en la cascada una central hidroeléctrica, incluso se llegó a arrendar su aprovechamiento.  Sin embargo Sigriður Tómasdottir, hija de uno de los propietarios organizó una casi cruzada para evitarlo que incluía el arrojarse a la cascada, y finalmente consiguó que fuera adquirida por el gobierno islandés y actualmente goza de un estatus de protección.  Una lápida junto a la cascada recuerda a Sigriður Tómasdottir y su lucha por Gullfoss.  Las vistas son impresionantes y ya empiezas a sentir ese vago vacío que te produce el deseo de querer permanecer más tiempo allí mirando caer el agua y viéndola subir en nubes de gotitas  que se levantan entre las paredes de la gran hendidura.

Gullfoss, la Cascada Dorada
           El día no podía dar para más: otro rato de coche entre granjas con prados verdes y enormes zanjas de drenaje  y  después cenamos, descansamos  y dormimos en Laugarvatn

Recorrido de la primera jornada



martes, 19 de agosto de 2014


Paris vaut bien une messe

A.- Siempre nos quedará París
B.- Paris vaut bien cinq promenades



A.- Siempre nos quedará París.
Coger un autobús Sigtseeing o como se llamen, si es posible con terraza descubierta y comentarios en castellano y dar la vuelta que te ofrezcan. Completar el viaje con un paseo en Bateu Mouche por el Sena también con comentarios en castellano. Gorvé

 B.- PARIS VAUT BIEN CINQ PROMENADES

1. Paseo “de la fraternidad, por los tilos al glamour”



Place de la Concorde: Situaos en el centro junto al Obelisco y disfrutad de su amplitud y alineaciones:  Alineación Louvre, Arco de Coroussel, Tuilleries, Obelisco, Champs Elyseés, Arc du Triomphe y Arc de la Défense. Alineación Madelaine. Rue Royal, Obelisco, Sena, Palais Bourbon (parlamento Francés)

Fuentes, grupos escultóricos, Hôtel Grillon y allá lejos la Tour Eiffel

Dirigíos a la Noria y entrad en Jardin des Tuilleries.  A Izquierda está el Museo Jeu de Paume (juego de palma o de pelota) lugar donde se celebraron reuniones propiciatorias de la Revolución Francesa. A la Derecha el Museo de L’Orangerie especializado en pintura Impresionista.  No entraréis, seguid por la avenida central y admirad los grupos escultóricos que representan ríos y las fuentes. A la derecha, tras el Sena podéis ver la antigua Gare d’Orsay, hoy Museo d’Orsay el templo máximo del Impresionismo. Merecería la pena visitarlo pero las colas son de varias horas: vedlo de lejos.

Seguid andando y ya tenéis ante vosotros el Louvre con el Arco de Caroussel dedicado también a victorias de Napoleón al que parece ser que no le gustó demasiado porque es pequeño. Disfrutad la alineación desde la Défense… etc. a la que ahora se suma la Pirámide de Ming, entrada oficial del Louvre. Ahora estaréis junto a la Pirámide y podréis ver las dos alas laterales del Louvre. Bajo un estanque y también alineada, aunque no se ve sino desde dentro del museo, está la Pyramide Inversée de la que habla en el Código Da Vinci. Continuad hasta el fondo en línea recta (la alineación que traéis) y entraréis en La Cour Carré.  Siguiendo saldréis tras una reja enorme a la Colonnade (Columnata) de Perrault. Ahí se acaba el Louvre.

Enfrente está la Iglesia St Germain d’Auxerois , iglesia de los Reyes de Francia de cuyo interior podéis pasar para no perder tiempo.  Ahora debéis volver atrás pero no por el lado del río sino por el otro. Buscad por ahí y encontraréis la entrada al Palais Royal (restaurantes y tiendas por dentro en sus jardines), la Comedie Française y una curiosa Boca del Metro con bolas de colores que a los japoneses gusta mucho. En un momento dado podréis ver la avenida de la Ópera y el palacio de la Ópera Garnier al fondo algo lejos y donde ya iremos en otro paseo. 

Localizad por ahí la Rue Rivoli y pasead entre sus arcos de nuevo volviendo en dirección a la Concorde donde empezó el recorrido. Id mirando a izquierda la impresionante arquitectura del Louvre y a la derecha algunas tiendas, ya algo cutres aunque hay de todo. La Calle Rivoli ya no es lo que era. Pasaréis por la Place des Pyramides donde hay una estatua dorada de Jeanne D’Arc y poco después a la derecha desviaos hasta la Place Vendôme presidida por una enorme columna erigida para conmemorar (imaginad qué) y forrada de bronce esculpido hecho del bronce de cañones requisados en una batalla. Interesante ¿NO? Pues mejor, mirad los escaparates de todas las tiendas… allá vosotros. También podéis ver el Ritz y recordar a aquella princesa Esta plaza podréis visitarla en el paseo 2 cuando lleguéis a la Ópera, dependerá de cómo vayáis de tiempo.  A partir de ahí podéis perderos un poco por la zona y si os parece volver a la Concorde y coger el metro para otro paseo cercano a esta zona.


2.  Paseo “del Cielo al Corte Inglés” (o viceversa)




Comenzamos en la plaza de la Concorde (para llevarnos bien)

Ahora vamos a comenzar a andar por les Champs Elysées en dirección a l’Arc du Triomphe. Está ajardinado y a pocos metros a la izquierda encontramos dos edificios que son el Grand Palais y el Petit Palais que son sedes de exposiciones temporales de arte: ahora (entonces) en el Grand Palais se expone la de Monet. Ahí podréis ver estatuas de Churchill, del mariscal Pétain y cruzando el Sena el Pont d’Alexandre III, que a mí me gusta. Tras el mismo veréis la Cúpula de oro (no dorada) de les Invalides donde dicen que enterraron a Napo. No vayáis en esa dirección sino justamente en la contraria. 

Tras unas calles ajardinadas está el Palais de L’Elysée, donde viven Sarkozi y Carla (entonces). Tras pasarlo llegaréis a los grandes Bulevares comenzando por el Faubourg St. Honoré; debéis girar a la derecha siguiendo el Faubourg y viendo tiendas y llegaremos a L’Eglise de la Madelaine, templo quye imita al Partenón griego. Subid las escalinatas y contemplad la Rue Royal y al fondo el Palais Bourbon. En la Rue Royal con lujosas tiendas, a vuestra derecha está el restaurante Chez Maxim’s. Si queréis, entrad en la Iglesia, pero no merece mucho la pena a no ser por sus amplitudes. También fue obra de otro capricho.

Ahora seguiremos en la dirección que llevábamos, viendo tiendas y edificios por el Boulevard des Capucines, tras el cual llegaremos a la Ópera. Es un hermoso edificio que a los franceses no acabó de gustar. Ahí siempre hay algún numerito musical callejero. Echad un vistazo a los alrededores y admirad la Avenida de la Ópera, con el Louvre al fondo, en otra avenida veréis la columna de la place Vendôme y más cosas. Id a la plaza si no fuisteis en el paseo 1

Un inciso: Siguiendo la dirección que traíais, en el Boulevard des Italiens nº 4, a cien metros de la Plaza de la Ópera está el Grand Café des Capucines. Muy antiguo y bien conservado. Procurad estar ahí a la hora de comer, 13:30 a 14 para evitar colas, y comed en él. No vais a comer barato y bien en ningún sitio pero este no es del todo malo y es una maravilla modernista. Merece la pena por un día, seguro que os hacéis fotos en la escalera: Bon apetit!

Volvemos a lo nuestro: Detrás del Edificio de la Ópera están los Almacenes Lafayette, que hay que visitarlos. Son varios edificios, entrad en el central y más importante. Si queréis, comprad por ejemplo unos macarons, pero no dejéis de ver el espacio central del edificio con una magnífica cúpula modernista de cristal de colores. También es imprescindible subir hasta la planta de los restaurantes (creo que la séptima) y a la Terraza: dicen que desde allí se tienen las mejores vistas de París, incluso mejores que desde la Tour Eiffel o Montmartre, y es cierto, máxime si no conseguís subir a la famosa torre de metal. Disfrutad de la Opéra, el Louvre, de Nôtre Dame…Y para no discriminar a nadie, al lado están los grandes almacenes Printemps, para mí más chic que los otros. Por las bocacalles podéis visualizar a lo lejos la Gare St. Lazare, la Iglesia de la Trinité en la que un día ya lejano cantó la Coral Llerenense

Aquí terminamos cerca de las estaciones de Metro y RER Auber y Ópera que nos permitirán ir a otros paseos


3. Paseo “del Vientre de Paris, a misa y de allí al existencialismo”




Podemos comenzar a andar en les Halles. Les Halles era el antiguo mercado central de la carne de Paris.  Zola describe su suciedad y miseria en la Novela “Le ventre”, aunque hoy en día no tiene nada que ver con lo del siglo diecinueve. Ahora es un barrio activo y moderno con un enorme centro comercial en su subsuelo y ajardinados en el exterior. Elegid por ahí si ver el centro comercial o pasear pero sí os digo que es imprescindible ENTRAR en la Iglesia de St. Eustache que va a ser una de las pocas que os recomiende ver por su arquitectura, altura, órgano y cuadros. No os la perdáis.

Deambulad un poco por el barrio, siempre hacia el sureste y podréis encontrar la Fuente de los Inocentes antes del llegar a supermoderno por dentro y por fuera Musée Pompidou al que también se le conoce como Beaubourg que es el nombre del barrio. No entréis, que llevamos prisa. La plaza está siempre muy animada con músicos y espectáculos circenses de pasar la gorra, incluso se puede comprar alguna cosilla de souvenir. Jesús el pailón dice que hay cervezas a seis euros en esa plaza

(Podíais andar un poquillo más y dirigiros al barrio del Marais, siempre andando hacia el este y visitar la place des Vosques y la casa natal de V. Hugo, pero hacedlo sólo si os sobra tiempo)

Al lado de la Plaza del Beaubourg hay una fuente infantil muy deteriorada, la fuente de Igor Stravinski, una pena, antes era una maravilla. Pues bien, al fondo de la fuente hay una Iglesia, St Merri que tiene algo de interés si queréis asomaros. Por si la cosa nos os atrae demasiado en ese momento, justo enfrente de la Iglesia hay un sex-shop: entrad, pero no os entretengáis mucho, comprad rápido. 

Callejeando, hacia el río, en trescientos metros tenéis tres cosas: El Chatelet, teatro de renombre, la Tour Saint Jacques, exenta y referencia neta de las peregrinaciones jacobeas y el Hôtel de Ville (del que alguien dijo que ese sí que era un hotel y no en el que nos quedamos nosotros) La foto del Beso de Doisneau está tomada en esa plaza con fondo del Ayuntamiento. 

A continuación lo mejor es enfilar hacia Nôtre Dame para visitar la Cité, pero antes de cruzar el brazo del Sena echad un vistazo a les bouquinistes, vendedores de libros y souvenirs que son un auténtico lujo, la auténtica alma de las orillas del Sena. Andad por la rive droite por la Megisserie hasta el Pont Neuf que curiosamente el el más vieux de París. Cruzar por él el Sena y estaréis en L’ île de la Cité. El jardincito entre los dos brazos del Sena es el Jardín du Vert Galan, lugar romántico donde los haya. Girad de nuevo hacia Notre Dame por le Quai del L’horloge paseando junto al Palace de Justice, la Conciergeríe, L´horloge (que creo que está en obras) y la Sainte Chapelle. Tiene esta Iglesia las mejores vidrieras góticas de Francia y es la Iglesia más recomendable de visitar, pero nos va a resultar imposible. 

Desde ahí, por cualquier sitio nos dirigiremos al Parvis (plaza) de Nôtre Dame. Y ahí, recreaos: mirad la fachada, los arbotantes, las Chimières, dadle la vuelta, que por detrás es estupenda, entrad y echad un ratito en le Parvis observando todo, las gentes, el otro brazo del río, L’hôtel Dieu…

Todavía emocionados nos dirigiremos al pont Saint Michel para cruzar el Sena y estaremos en pleno Quartier Latin. Aquí ya nos podemos perder. Está siempre lleno de gente y de restaurantes cuyos empleados casi te secuestran para que entres en su establecimiento. Localizad la Rue de la Huchette, paseadla, encontrad en ella callejuelas mínimas y teatros mínimos que repiten hasta la saciedad la misma obra desde hace un siglo. Este el un sitio bueno para comer, todos comemos allí siempre. Seguid y visitad aunque sea por fuera Saint Séverin, el Musée de Cluny y si no estáis muy cansados el edificio de la Sorbonne y el Pantheon. 

Ya que estamos aquí podemos ir a Saint Germain des Prés, el barrio de la intelectualidad. los existencialistas y los mentores del Mayo del 68. Cerca de la parada del Metro de Odéon está la Iglesia de Saint Sulpice para los aficionados al Código de Vinci, allí podréis ver la Rose Line. Por esa zona está también Le Procope, el restaurante más antiguo de París (de 1600 y algo) y auténtico museo, y no os creáis que muy caro, pero, eso sí, hay que reservar con tiempo. 

Para terminar este paseo, si hace una cerveza a cuatro o cinco Euros los mejores sitios son los de los existencialistas o Hemmingway: Le Café de Flore o mejor Les deux Magots


4. Paseo por los símbolos y “la grandeur”


Habría que comenzar el paseo por el Arc du Triomphe; pasear por los Campos Elíseos al menos doscientos metros acera arriba y otros por la otra acera ya de vuelta. En el Arco visitar la tumba del Soldado desconocido, la llama perpetua y localizar en el arco los nombres de las batallas que los franceses nos ganaron aquí en casa (La Albuera, no viene, ah; que esa la ganamos nosotros!). 

En metro tomamos bajo el Arco, la línea 6 (creo) que os dejará tres o cuatro estaciones después en Trocadéro. Allí bajamos y por fin la vemos de cerca tras el Sena. Desde Trocadéro junto al Palais de Chaillot, tras la place de Varsovie, tiene una vista increíble. Sé que no os podréis estar sin bajar, acercarse y con dolor de cuello seguir mirándola, y os pondréis debajo para en contrapicado tener una metálica vista cuadrada.

Justo ahí es el lugar en que Guy de Maupassant gustaba de irse a tomar la merienda con los amigos porque aseguraba que es el único sitio de París desde el que no se la ve. Creo que no le gustaba  (Tal vez si madrugáis mucho y llegáis temprano, no haya mucha cola y merezca la pena subir. En ese caso, variad a vuestro antojo este paseo)

Tras las fotos andad un poco, bien hasta el Pont de L’Alma si queréis subir en Bateau Mouche y ver dónde se la dio Ladi Di o bien por le Champs de Mars, echad un vistazo a Les Invalides, La Dôme des Invalides y si hubiera tiempo, saber que muy cerca está el Museo Rodin lleno de esculturas. (Hay una buena copia de “Le Baiser”, (el Beso) delante del Museo de l’Orangerie cerca de la Concorde que nos pueda quitar el mal sabor de boca que nos dejará no visitar el museo)  Tras un corto paseo estaremos entre El Grand y el Petit Palais tras cruzar el Sena por el magnífico Pont d’Alexandre III


5. Paseo la Bohéme


No por ir el último, este paseo es el menos importante, sino todo lo contrario: es el que mejor guarda las esencias parisinas y la idea finisecular decimonónica de la Bohéme, el arte, la juerga y la absenta.

Para ahorrar conversación, coged el Metro, línea 6 que os deje en la parada de Abbesses o línea 14 parando en Anvers. Subrayo Abbesses porque tiene la mejor boca modernista del Metro parisino. Buscad el Funicular que os suba a la Butte de Montmartre, el barrio de artistas, golfos, cabarets y también el de la Comuna de París. (Ad)Mirad el paisaje desde los alrededores de la Basílica del Sacré Coeur y si os parece, mirad también la Iglesia, allá vosotros!, podéis incluso entrar y subir a las torres.

Pero es mejor que vayáis directamente a la Place du Tertre, la plaza de los pintores y echéis ahí un buen rato escuseándolo todo. Haceos un retrato o una caricatura. Los bares por allí tienen nombres increíblemente bonitos, sólo os citaré, aunque se sale de ruta le Lapin Agile, el Conejo Ágil, famoso bar cabaret que aún ofrece espectáculos cena.

Salid del Tertre por la Rue Norvins y buscar la Rue Lepic. Esta calle tiene forma –miradlo en el mapa- de signo de interrogación: ¿Qué nos deparará? Andadla entera, en la curva de la interrogación está el Moulin de la Galette (inmortalizado en un famosísimo cuadro) cabaret que nos trae a la memoria a los pintores impresionistas, a Dégas, a Manet, etc. Todavía quedan en la Butte algunos de los antiguos molinos de viento. La calle sigue bajando hacia el centro de París y en sus casas vivieron por ejemplo Van Gogh (nº 54) y otros pintores. Casi al final, bajando a la derecha está el Café des Deux Moulins, todo un lugar de culto para un determinado tipo de personas. Entrad y tomad una cerveza o un combinado y entenderéis por qué.

Cien o doscientos metros más abajo llegaréis a la Place Blanche y en ella os podéis hacer la foto con el Moulin Rouge de fondo. Después de la fotos, pasead por la Rue Pigalle: en ella tenéis infinidad de sex-shops, el museo del Erotismo y no os faltarán ofertas sexuales, según a qué hora o en qué compañía. Cansados o jodidos pero contentos, tomad el metro en Blanche e id (línea 6) al Arco del Triunfo, que os lo habéis merecido

ÚTILES (PERO MEJOR NO USAR)
Servicio de Urgencias 112 como en todos sitios
SOS Médicos 0147077777
Policia Préfecture 0153713345
Objetos perdidos 0155762020
Visa anulación 0034-9137473668
Consulado 0144294000 metro Wagram
Embajada de España 0144431800
Office de Tourisme Rue des Pyramides, 25, tel 0892683112


Examen
Répond à ces questions:


¿Qué ves? Contesta varias cosas



¿Dónde estamos?



¿La habéis visto? Número del paseo


¿A la derecha o a la izquierda?


¿Dónde estamos?



¿Quién es el tío del caballo?



¿En cuál de los paseos está? ¿Qué es?



¿Qué es y en qué sitio suele hacer la gente esta tontería?


¿Desde dónde fue hecha esta foto?


Esto es en Bagatelle, pero ¿Qué es Bagatelle?  
¿En cual de los paseos habéis estado más cerca de este sitio?


¿Da cangui?


¿Enfrente de qué iglesia y en qué barrio?


¿Qué hace ahí tanta gente?


¿Cuántos Arcos del Triunfo hemos visto? ¿Veis uno en la foto?


¿En cuál, en el grande o en el pequeño?


¿Quiénes son esos dos colgaos?


¿Conoces otros nombres de París? Ayuda: L… y P…

¿Quién era la Diosa a la que amaba Theo Sarapo?

¿Qué obra de teatro se representa en el Barrio Latino desde hace infinidad de tiempo?

Nombra la calle más corta y estrecha de París

Ahora, menciona la calle más larga y ancha

¿De qué viene la expresión “eres más bonito que un San Luis?

¿Qué batalla permitió a Napoleón forrar una columna con los cañones requisados a los vencidos?

Según los jóvenes de mayo del 68 que había bajo el pavé (suelo de adoquines por casi todo París)?

Si subís a la terraza de Galeries Lafayette, mirad y contestad ¿de qué edificio es ese techo verde tan horroroso en dirección a la Torre Eiffel?

¿Por qué este librillo saldría más caro si incluyera una foto de la Torre Eiffel, siendo como soy honrado y no queriendo líos con la propiedad privada?


BON VOYAGE!

martes, 30 de julio de 2013

MIEDO

Ahora ya no llueve como entonces.  Eran largas las oscuras mañanas que discurrían lentas entre pitidos de radio mal sintonizada, el golpear del agua en los cristales, la gotera cayendo sobre el barreño o la olla, el crepitar del fuego y el borboteo del puchero.

Entre nubes de hastío,  a contraluz de la luz del fuego en la chimenea, se vislumbraban sentadas  dos siluetas en conversación ininteligible.  A veces el tedio se quebraba con los primeros compases de un cuento

“Cuando venga el lobo por los corderos – aconsejaba el pastor a su zagalillo – no tienes que tenerle miedo: adelántate hacia él, asienta bien los pies en el suelo…”

Ruido de carreras y chapoteos en la calle convertida en arroyo,  voces entrecortadas de apresuramiento.  Luz más gris y tenue.

“Entonces, extiende la mano, con el puño cerrado, mirando, ojo y puño, a la boca abierta del lobo.  Aprovecha la fuerza que trae en su ataque, mantente firme…”

Los olores se añadían familiares a la escena: el de la leche que se fue al hervir y se quema como acre caramelo ajado, el del sempiterno cocido, el del humo del tabaco.  No se movía una pestaña.

“Éntrale la mano por la boca,  sin doblar el codo, hasta el fondo.  Y cuando el puño salga por el culo de la fiera, abre la mano y agarra con fuerza el rabo…”

En ese momento el cuento absorbía todo, desaparecían los olores, se volvían sordos los sonidos y las luces se ensombrecían.

“..y entonces, con  fuerza, tira del rabo, con todas tus fuerzas, dale la vuelta al animal como si fuera la manga de un jersey,  y ponle la piel para adentro y todas las tripas a la vista.  Ya no hay más miedo al lobo…  Así son todos los miedos”

Aunque era el mismo cuento, el de siempre que llovía, el leve temblor en las bocas entreabiertas y el brillo sin pestañeo de los ojos redondeaba la trinidad del asombro en las caras de los niños

-         Anda, Fernando, asómate a la puerta del patio a ver si viene clareando por Viar – y entre sonrisas -¿un pitillo, Manuel?

miércoles, 13 de febrero de 2013

NAUSÍCAA





La foto está tomada en la playa de Mónsul  al comienzo de la primavera.  Es media tarde.  No hay mucha gente.  Llama la atención,  aunque no en exceso, un grupo de tres o cuatro jóvenes mujeres desnudas que toman el sol o juegan con algún niño a la pelota.  Solo robé, anónimo, esta foto, respetuoso con la intimidad de las ninfas.

Nausícaa junto al mar, siguiendo consejos de Atenea, después de lavar los vestidos,  de comer, de quitarse los tenues velos y de untarse de aceites, jugaba con sus doncellas a la pelota que en lances del juego va a detenerse ante un  desnudo Odiseo, cien veces náufrago y agotado por su lucha con dioses, hombres y mares.

Dieciséis de junio.  Sentado en una roca de la playa de Sandymount, Leopold-Ulysses-Bloom descansa de un día de intenso peregrinaje por las calles de Dublín.  Contempla cómo unas jóvenes juegan a la pelota con unos niños.  Devuelve la pelota que ha ido a parar a sus pies.  Luego se enfrasca en ensoñaciones placenteras mirando a Gerty Mc Dowel y la desnudez intuida tras los destellos de su ropa interior.

Aquella tarde, en la playa, la Odisea ya está vivida, el prodigioso viaje desde Troya a Ítaca está a punto de terminar.  Entre Feacia e Ítaca hay una singladura breve y sin peligros si Poseidón no se encoleriza.  Pero Ulises tiene que sufrir de nuevo en el mar, ha de recuperar su patrimonio espantando a los pretendientes y reencontrase con su destino. Pero ahora, no hace mucha falta que Nausícaa insista para que Ulises se quede en la corte de Alcinoo y cuente sus aventuras y desventuras: Calipso, Circe, Escila, los lestrigones, el cíclope, los compañeros perdidos…

Entre la playa de Sandymount y el 7 de Eccles Street, hogar de Bloom en el que Molly quizás ni teja ni espere, no hay mucho trayecto.  A las ocho de la tarde en Dublín el día está terminando y tanto Boom como Gerty desgranan el último suspiro de la tarde en mutuas fantasías eróticas antes de la conclusión de la escena entre coros de iglesia, fuegos artificiales, la cojera desmitificadora de Gerty y el canto del reloj de cuco.  Todavía demora Bloom su vuelta casa con la visita a una amiga recién parida y entre discusiones poéticas, parranda, burdel y borrachera con Stephen Dedalus.

Los últimos momentos de la tarde siempre llegan a las playas: a Dublín, a Feacia, a Mónsul…, pero los días no terminan ahí ni así, hay que demorarse y, “sabio, como te has vuelto”,  ya se encontrará en quién y en qué.  

La gente ha comenzado a recoger sombrillas y a sacudir la arena de las toallas.  Mientras el mar se oscurece, el sol en su descenso va tiñendo un aire dorado.  Poco a poco irá dejando sus últimos rayos por el acantilado de la Vela Blanca, la mole del Dedo de algún dios y el arrecife de las Sirenas.  En la cala de la Punta Negra, todavía se ve una patera: los que llegaron en ella, ya cumplieron su viaje, ahora tendrán que contarlo y, sin lugar para el olvido, luchar e ilusionarse con una nueva vida.  Posiblemente en la arena encontrarían alguna pelota.

        Llerena, 12 de febrero de 2013